HISTORIAS DE LA REVOLUCIÓN

 

UNO

Hoy comenzamos nuestro accionar contra el infame gobierno al que nos tiene sometidos el Norte. Llegados a la carretera, el General dio la orden de dispersanos. Tenemos fe en el triunfo, aunque en esta primera maniobra, algunos resultaron atropellados por los autos que circulan por la carretera.

DOS

Andrés, nuestro ingeniero, ha ideado una trampa muy ingeniosa para atrapar a los enemigos. Cuando el enemigo pisa la palanca camuflada (a), acciona por medio de una cuerda (b) una hornalla (c) que calienta una pava (d). El vapor despedido infla el globo (e) hasta reventar. La explosión provoca un ataque cardíaco al gato (f) que cae en la balanza (g). Esta balanza enciende la bomba de humo (h) que hace que el oso hormiguero (i) tosa, moviendo la pesada bola de hierro (j) que cae sobre el enemigo. El único defecto es que cuando cae la bola de hierro, hace tiempo que el enemigo se ha retirado.

TRES

Hace semanas que vagamos en este bosque. La suerte nos ha sido adversa. La brújula señala mi cuchillo. La radio murió. El teniente dejó de funcionar. Hicimos una fogata contra el frío, pero el viento la dispersó, iniciando un gigantesco incendio forestal. Y encontrar un oasis en este nuevo desierto es de lo más jodido.

CUATRO

La operación de este día fue nuestra primera victoria. Una vez conseguido el plano del cuartel enemigo, tuvimos en pocos días un plan de acción detallado. Dos de nuestros mejores hombres entraron por las bocas de aire acondicionado; nosotros nos quedamos afuera, rodeando la zona. Fue fácil llevar a cabo el plan, pues los soldados enemigos dormían. Finalmente, Pedro y José salieron a nuestro encuentro a la hora prefijada, teniendo en su poder la deseada baraja española, necesaria para combatir nuestro aburrimiento.

CINCO

Andrés, nuestro ingeniero, ha ideado una nueva trampa que resuelve la lentitud de la anterior. Cuando el enemigo pisa la palanca camuflada (a), acciona por medio de una cuerda (b) una palanca (c) que hace caer la pesada bola de hierro (d). El problema es que la bola de hierro se acciona demasiado pronto, cayendo delante del enemigo en lugar de sobre él.

SEIS

Nos encontrábamos en alta mar, a centenares de kilometros de la costa. El motor, exigido y oxidado, dejó de funcionar. El agua manaba a chorros a través del casco. E1 Ben Ami IV, nuestro barco, presentaba una escora de ochenta y cuatro grados. Y cuando todo parecía perdido, vino lo peor. Una tormenta no avisada ni por el reporte meteorológico ni por el horóscopo, se desató en toda su furia. Las olas cuadruplicaban la altura del Ben Ami IV. Carlos era el más afectado: empuñaba histérico su ametralladora, como si se tratara de un osito de peluche. Todos preguntábamos al capitán: "¿Qué hacemos?'', y él, impávido, contestó: "Recen, manga de atorrantes". Semejante muestra de fe nos arrancó lágnimas de los ojos; llegados al vigésimo noveno Ave María, la tormenta cesó y se nos apareció la virgen, radiante, cálida, mágica. Fue entonces cuando Carlos la reventó a balazos con su ametralladora.

SIETE

Nuestros hombres ya no son el efectivo grupo que llegaron a ser. Se han enviciado con el juego; todos los dios se reunen en el campamento y reparten las cartas de la baraja española robada al ejército enemigo. Ya no se juega para combatir al aburrimiento, se juega por dinero; se juega por tanto dinero que dentro de poco lograremos derrocar al gobierno, pero no mediante las armas, sino mediante presión económica. La casa de moneda trabaja sin descanso, y está proyectado sacar el billete de cien mil millones de pesos; la moneda cae que da vértigo; hemos llegado a ser el primer país en la historia con una inflación diaria de cinco dígitos, la deuda externa se ha vuelto ya impagable, y el gobierno basca medidas para paliar el hambre y la crisis, mientras nuestros hombres siguen jugando, borrachos, hasta altas horas de la noche.

OCHO

Andrés, nuestro ingeniero, obsesionado con la trampa perfecta y los problemas presentados en las dos trampas anteriores, ha entrado en un estado psicótico, que lo ha llevado a crear su obra maestra: Cuando el enemigo pisa la palanca camuflada (a), Andrés (b), con un alarido que estremece la selva, salta sobre el tipo, lo estrangula mientras le pregunta porqué carajo no cayó en las otras trampas, lo sacude desaforadamente, lo golpea contra los árboles, y el enemigo, sin salir de su aturdimiento, jura que se quejará ante el sindicato, pero deja de hacerlo porque Andrés lo deja inconsciente, y continúa abofeteándolo y sacudiendolo mientras cae la noche, y el enemigo, ya inerte, va mostrando los signos de la descomposición.

NUEVE

Más cruenta que otras veces resultó la batalla. El jefe de los vencidos fue llevado al campamento vencedor violentamente arrastrado por los pelos. Cayó de bruces al suelo, y entonces el líder vencedor vio sus ojos suplicantes que pedían un instante de gracia. Conmovido en lo más profundo de su alma, dio al vencido un instante de gracia, exactamente veinte segundos, tras lo cual lo decapitó.

DIEZ

No es fácil reclutar nuevos efectivos, pero es necesario pues la cuarta parte de nuestros hombres ha desertado, otra cuarta parte ha muerto, otra cuarta parte ha muerto mientras desertaba y la otra cuarta parte se encarga de fusilar a los desertores y de enterrar a las otras tres cuartas partes. Cuando se busca reclutar a alguien, debe convencércele de lo hermoso y excitante que es la Revolución, de los nuevos amigos y lugares que se conocen, sin mencionar que tus amigos mueren en los mismos lugares que acaban de conocer. Es una tarea realmente ardua que requiere mucha paciencia y dedicación.

ONCE

Daniel cayó hace poco en manos enemigas, y lo han torturado para interrogarlo. La situación, lejos de empeorar, ha mejorado, pues como Daniel no tiene la menor idea de dónde está parado, inventa en cada sesión nuevos planes, jefes y fechas. Los torturadores, presas de una evidente confusión mental, últimamente se están torturando entre si.

DOCE

Más cruenta que otras veces resultó la batalla. E1 jefe de los vencidos fue llevado a las patadas hasta el campamento vencedor. A1 llegar intentó sentarse sin éxito. Entonces se desplomó y el lider vencedor vió sus ojos suplicantes que pedian un diálogo franco. "Señor. . . He oido que sueles que sueles aceptar una propuesta de tus vencidos para salvar su vida..." "sí, ¿Qué te pasa?' Respondió el vencedor. La cara del vencido se iluminó. "entonces, ¿Me dejarás retarte a un juego, con la condición de vivir si gano?" "'ta bien, mientras no sea ajedrez. Acaban de afanarme el tablero" "No se trata de ajedrez, señor: propongo la ruleta rusa". El vencedor abrió un cajón, sacó un arma y dijo "Bueno... ¡Al fin alguien que no le gusta el ta-te-ti! Sabés, acá te embolás como una ostra. Toma -dijo ofreciendo el arma- no tengas miedo, te doy ventaja". El vencido se asombró de tanta amabilidad, tomó la cuarenta y cinco, giró el tambor, apoyó el arma sobre su cráneo, apretó el gatillo y un ruido sordo inundó el recinto; la bala expansiva atravesó el pelo, la piel, el cráneo y siguió su camino sacándole al vencido la mitad de la cara y dejándole irreconocible la otra mitad. E1 vencedor debió correrse para no manchar su camisa comprada de oferta poco tiempo antes. "El truco del tambor lleno -pensó mientras sonreía- nunca falla".

TRECE

Una alta mortalidad ha azotado a nuestros hombres, sembrando terror en el ejército. El hecho, al parecer, sucede sólo cuando los nuestros cruzan los pantanos. Reunidos para investigar los hechos, la junta médica dictó que la causa era un bacilo de los pantanos, mientras la junta antiparasitaria sugirió que se trataba de un parásito de reducidas dimensiones, similar a la vinchuca. La junta de teólogos dijo que era un castigo del Señor, la junta de ecologistas informó que se trataba de un derrame nuclear, y la junta de psicólogos dictaminó que era un complejo de edipo, fundado en el miedo instintivo al agua sucia que por medio de un vínculo afectivo rechazado es emparentado con un inodoro, fomentando la creación de fobias que determinan una fusión del ego, el Yo interno, el Superyo y del Yo tarzán que actuan sobre el Ello, quien evidentemente pierde la contienda por ser cuatro contra uno.
Finalmente descubrimos que los hombres perecían porque, al cruzar los pantanos, se colgaban los zapatos al cuello, y al engancharse éstos en una rama ahorcaban al pobre tipo.

CATORCE

Esta mañana tuvimos un encuentro con las tropas enemigas. El tiroteo duró hasta poco después del anocher, cuando por la falta de luz, los otros se balearon entre si. Finalmente cincuenta y siete cuerpos y medio colgaron boca abajo de sendos árboles, como ejemplo para las tropas del gobierno, para que aprendan de los errores de sus companeros y nunca mas vuelvan a balearse entre si.

QUINCE

Más cruenta que otras veces resultó la batalla. E1 jefe de los vencidos aterrizó en el campamento vencedor gracias al puñetazo que un kilómetro antes recibiera en la cara. Entonces el lider vio sus ojos suplicantes, medio hundidos por el golpe, que pedian una audiencia. "Hablá carajo'' dijo el vencedor. El vencido dijo:

"Acepta este medallón, has probado merecerlo. Con él, preséntate en mi castillo. Te coronarán y te entregarán mis tierras, tierras que se pierden en el horizonte. Tu palabra será ley y todo mi pueblo estará a tus pies. Poseerás riquezas que nunca podrás terminar de contar, y tantos soldados como estrellas cuelgan en el firmamento. Y todos los días tendrás en tu mesa los manjares más deliciosos y el vino más fino. No tengo nada más que decir."

El vencedor se levantó de su silla noble, majestuosamente, tomó la magnum y disparó, disparó, disparó, hasta que el vencido se transformó en una pulpa sanguinolenta que se desparramaba lentamente por el suelo, extendiendo un charco de sangre que se filtraba en la tierra. E1 vencedor dijo entonces: "No acepto sobornos."

DIECISEIS

Hace semanas que vagamos en este bosque. La suerte nos ha sido adversa. La brújula señala obstinadamente el norte, pero de nada sirve porque hemos traído el mapa equivocado. La radio sigue transmitiendo la tediosa emisora local. El teniente, a pesar de nestros esfuerzos, no ha muerto, por lo que tendremos que soportarlo hasta que nos encuentren. Y este bosque es una trampa mortal, gracias a los de cazadores furtivos que le disparan a todo lo que se mueva. Nuestro único refugio son los árboles, que un grupo de leñadores desaprensivos se dedica a desplomar alegremente.

DIECISIETE

El ataque fue breve pero eficaz. El general avanzó con el grueso de nuestras fuerzas hacia el norte, mientras que yo avancé con el resto hacia el sur. Bernardo se quedo solo y se perdió. Mientras yo atacaba un ala del edificio y el general otra, Bernardo consiguió llegar a la puerta de entrada, donde colocó la carga explosiva. Bernardo no pudo huir tan rápido como hubiera querido, por lo que voló junto con la puerta. Mientras el ejército enemigo, instalado frente a la puerta para saber qué hacía Bernardo, volaba junto con este y la puerta, liberamos a los prisioneros de las alas sur y norte, que estaban muy entretenidos mirando el curioso vuelo de Bernardo, la puerta y el ejército enemigo.

DIECIOCHO

Más cruenta que otras veces resultó la batalla. E1 jefe de los vencidos llegó por correo a la mansión del vencedor; asfixiado por el largo encierro logró salir con dificultad de la encomienda. Entonces el lider vencido, que llevaba el recuerdo de las anteriores entrevistas con el vencedor, dijo: "No, esta vez no. Conozco cien formas más civilizadas de suicidarme." Tras lo cual se arrojó por el balcón.