Grandes Revelaciones de Alberto el Grande


Este insigne filósofo, fundador de la Academia de Ciencias del Lago Logan, ha legado a la humanidad cientos de sabias recetas y observaciones, que estamos poniendo todos los miércoles a disposición de nuestros lectores.


 

Revelaciones semanales

10 dejulio de02
Dioscórides dice que las lombrices de tierra cocidas con grasa de pato, apaciguan todos los dolores y males de oído; y cocidas con aceite los de muelas, si se introducen algunas gotas calientes en el oído opuesto al del dolor.

3 dejulio de02
Cuando una persona anda a grandes pasos y de medio lado, es necia, de temperamento rudo y astuta para el mal, como se observa en la zorra.

26 dejunio de02
Los hijos ilegítimos tienen más valor y sagacidad que los legítimos, pues son ordinariamente fruto de un amor industrioso; el espíritu de sus padres, continuamente azuzado por artificios propios para burlar los celos del esposo o la vigilancia de una madre, debe necesariamente transmitir a los hijos que engendre una gran parte de los talentos a que deben el ser.

19 dejunio de02
Si se frota la cabeza de cualquiera con raspaduras del casco del pie derecho de un burro, parecerá que tiene el tal cabeza de perro.

12 dejunio de02
Las lombrices de tierra son bien recibidas en la medicina y tómese como se quiera, para dar alguna autoridad a lo que vamos a decir, reproduciremos lo que han escrito los más afamados médicos de diferentes épocas. Galeno, aun cuando él no lo haya experimentado jamás, asegura por lo que dice Diodoro, que las lombrices de tierra confitadas y machacadas y aplicadas oportunamente sobre los nervios cortados, los unen en poco tiempo.

5 dejunio de02
El cuerpo inclinado hacia adelante, y que no es causa de la vejez sino por naturaleza, es el del hombre prudente, reservado, estúpido, grosero, severo, ahorrador, laborioso, pertinaz en su cólera e incrédulo.

29 demayo de02
Los magos aseguran que la hierba conocida por el nombre de centaureo tiene una virtud maravillosa, porque si se la mezcla con sangre de abubilla hembra y se echa en una lámpara de aceite, todos los que se encuentren allí verán sus pies en alto y su cabeza abajo.

Alberto el Grande: un oscuro personaje

Poco es lo que se sabe de él, pues incomprendido en su tiempo, quiso el destino que sus contemporáneos, vecinos, familiares y empleados del registro civil lo ignoraran; víctimas de la misma indiferencia, sus obras fueron editadas en ediciones baratas sin fecha de edición, prefacio ni índice, lo cual ha dificultado enormemente el trabajo a los biógrafos.

Dos sitios se unen para develar el misterio

El reciente descubrimiento de un gran volumen de correspondencia entre Plunio el Eremita y Alberto el Grande ha abierto puertas insospechadas en la investigación. En un esfuerzo sin precedentes en el Ciberdespacio, investigadores del Colectivo Artesonado (artesonado.com) y de nuestra Cooperativa Cultural La Bondiola han unido fuerzas para develar los misterios que encierran estos dos filósofos.
En estas páginas encontrarás toda la información que nos ha sido posible recopilar sobre Alberto el Grande, mientras que lo develado sobre Plunio el Eremita está disponible en artesonado.com. La correspondencia entre estos filósofos será publicada simultáneamente en ambos sites, a medida que vaya siendo descifrada.


Su infancia: un accidentado camino

Según revelaron epístolas entre Alberto y Plunio, Alberto fue abandonado al nacer por sus progenitores, que lo libraron a su suerte en una canasta sobre las aguas. Tras recorrer kilómetros y kilómetros durante días, meses y años, la canasta llegó al Lago Logan y fue recogida por un pescador que la enganchó con su anzuelo, arrancándole un pedazo de muslo al niño en el forcejeo. Como el niño era débil y desnutrido, el pescador lo llevó a su casa, pues sólo con el muslo no le alcanzaba para el almuerzo.

Los documentos prueban de manera irrefutable que Alberto el Grande del Lago Logan no era el mismo que un antiguo alquimista del mismo nombre, contra lo que hasta ahora se creía. Alberto del Lago Logan tomó el nombre en parte por su admiración al legendario filósofo, y en parte porque no le gustaba el que le habían puesto sus padres adoptivos, a la vez que ignoraba el que le habían puesto sus padres biológicos (si es que le habían puesto alguno).

Algunos investigadores consideran también que al tomar como propio el nombre de "Alberto el Grande", el filósofo loganiense manifestaba haber perdido su apellido, su familia, sus raíces y sus pequeñeces.


Una vida entregada a la sabiduría

Este libro, que se halla expuesto en el Museo de la Academia de Ciencias, nivelaba una de las patas de la cama del sabio
 

Su preclaro pensamiento es lo único que ha llegado hasta nosotros libre de misterio, y sobre lo cual la recientemente descubierta relación de Alberto con Plunio el Eremita no ha añadido detalle alguno.

Su búsqueda metódica, crítica y racional de la verdad puede acaso resumirse en estas palabras con las que inicia uno de sus tratados: "Persuadidos de que la ocupación del sabio debe ser siempre investigar lo que haya de extraordinario en las diferentes cosas que se presentan a la vista de los hombres, no hemos cesado de leer y reeler los escritos y libros ajenos, hasta que hemos descubierto la mayor parte de las maravillas".

La enorme sabiduría de Alberto el Grande se evidencia en la amplitud de temas abarcados en sus tratados: física, química, fisicoculturismo, fisiognomía, secretos para hacerse amar y obtener la felicidad en el amor, medicina, espiritismo, alquimia, investigaciones sobre las señales de la virginidad en las mujeres, sortilegios, hechicería, maravillosos secretos para alcanzarlo todo, herrería, moral y buenas costumbres, ciencias ocultas, escamoteos, cartomancia, juegos de salón, telepatía, magnetismo sexual, astrología, interpretación de los sueños, agricultura, ganadería, pesca, ciencia e industria, entre otros.

Debemos consignar que los tratados sobre farmacología y anatomía que este filósofo nos ha legado son tan obscuros, que los hombres de su tiempo no supieron entenderlos. Por nuestra parte hemos hecho revisar éstos por un médico célebre, y nos regocijamos pudiendo ofrecer a nuestros lectores sus enseñanzas claramente explicadas y fácilmente comprensibles, y a las cuales pueden otorgar toda su confianza.